El sueño no es un “apagado” del cerebro: es un estado activo en el que se consolidan la memoria, se regula el estado de ánimo, se limpian metabolitos y se restauran funciones. La falta de sueño o un sueño de mala calidad se asocian a:
Mayor riesgo de deterioro cognitivo y problemas de atención y memoria.
Mayor sensibilidad al dolor (por ejemplo, más cefaleas).
Alteraciones del estado de ánimo (irritabilidad, bajo ánimo, ansiedad).
Mayor riesgo de accidentes y de enfermedades cardiovasculares y metabólicas a largo plazo.
Para un neurólogo, el sueño es un pilar fundamental de la salud neurológica.
Higiene del sueño: hábitos que ayudan
Horario regular: Acostarte y levantarte a horas similares todos los días, también los fines de semana.
Exposición a la luz: Luz natural durante el día y reducir pantallas y luces fuertes 1–2 horas antes de dormir.
Evitar estimulantes: Cafeína después del mediodía; evitar alcohol y comidas pesadas cerca de la hora de dormir.
Ambiente adecuado: Dormitorio oscuro, fresco y tranquilo. Usar la cama preferentemente para dormir (no para trabajar o ver series).
Rutina relajante: Actividad tranquila antes de acostarte (lectura, estiramientos suaves). Evitar discusiones o trabajo estresante.
Si no concilias el sueño: No quedarte en la cama dando vueltas. Levántate, haz algo tranquilo con poca luz y vuelve cuando tengas sueño.
La constancia importa más que los cambios puntuales. Prueba estas medidas durante varias semanas antes de valorar el efecto.
Cuándo consultar a un neurólogo
Puede ser útil una valoración neurológica o con un especialista en sueño cuando:
Insomnio persistente: A pesar de buena higiene del sueño, llevas semanas o meses sin dormir bien y afecta tu día a día.
Somnolencia diurna excesiva: Te duermes en situaciones inapropiadas, te cuesta mantenerte despierto al conducir o trabajas desde casa y no puedes concentrarte por el sueño.
Síntomas que sugieren apnea del sueño: Ronquidos fuertes, pausas en la respiración que alguien ha notado, despertares con sensación de ahogo, dolor de cabeza al despertar.
Movimientos o conductas durante el sueño: Patadas, gritos, actuar los sueños (posible trastorno de conducta en sueño REM), o sensación de no poder moverte al despertar (parálisis del sueño recurrente).
Síndrome de piernas inquietas: Necesidad de mover las piernas por la noche que alivia con el movimiento y dificulta conciliar el sueño.
Sueño y neurología: Si ya tienes diagnóstico de migraña, epilepsia, Parkinson u otra condición neurológica y el sueño ha empeorado o sospechas que se relacionan.
Un neurólogo puede orientar el diagnóstico, indicar estudios (por ejemplo, polisomnografía) si hacen falta y proponer un plan de tratamiento.
Recuerda: Este texto es educativo. No sustituye una consulta médica. Si tus problemas de sueño son frecuentes o te preocupan, agenda una evaluación.
Aviso: Este artículo es de carácter educativo e informativo. No sustituye una consulta médica individualizada. Consulta a un profesional de salud antes de tomar decisiones sobre tu tratamiento.
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